Luis de Morales (pintor)

Retablo de la iglesia parroquial de la Asunción de Arroyo de la Luz.


L
uis de Morales
(Badajoz 1510-1586)  se formó como pintor en Sevilla y en Italia, y desarrolló su actividad casi íntegramente en Extremadura. Se desconoce gran parte de su vida y de sus obras. Se conservan los grandes retablos de Alcántara (1563), Arroyo de la Luz (1565) y de la Catedral de Badajoz (1554), así como algunos cuadros de iconografía repetida, como la Virgen con el niño o el Ecce homo. Sus obras se inscriben plenamente en la corriente manierista.


La iglesia parroquial de la Asunción, de Arroyo de la Luz, fue construida, aproximadamente, entre el último cuarto del siglo XV y el primero del siglo XVI. Comenzó la obra por la capilla mayor y la capilla de San Andrés; ésta fue realizada en 1495. La nave de la iglesia corresponde al primer cuarto del siglo XVI, siendo de mediados de siglo la sacristía. A Pedro de Marquina se debe la puerta del lado de la epístola (1551) y la torre del templo, que fue construida entre 1552 y 1554.


La importancia de esta iglesia radica en su retablo mayor, con veinte tablas de Luis de Morales. La arquitectura, esculturas y relieves del retablo, realizadas entre 1548 y 1556, son obra de Alonso Hipólito y Pedro de Aguirre fue quien lo doró, terminándose en 1567.


Las esculturas del banco representan a los padres de la iglesia: Agustín, Gregorio, Ambrosio y Jerónimo.  En las entrecalles, las esculturas son de apóstoles. En la calle central aparecen San Gregorio Hostiense, la Asunción de la Virgen y su Coronación. Por último, en el ático existe un Calvario.

Las pinturas del retablo fueron realizadas hacia 1560 y se dedican: en el banco, a San Juan Bautista, Cristo amarrado a la columna, Ecce Homo y San Jerónimo. En el primer cuerpo, a los sucesos ocurridos después de la resurrección de Cristo; en el cuerpo central, a la infancia de Jesús; en el último cuerpo, a la pasión y muerte de Cristo, y en el remate de las entrecalles, a cuatro personajes que parecen ser Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.

La Natividad